sábado, 4 de octubre de 2014

04.10.14.- A PESAR DE WERT, AÚN SIN TELONES...HABRÁ TEATRO."

CARTEL


Cómicos
(Artículo dedicado a la compañía de teatro "el alambrillo" de Candón, en su revista anual" Fiesta".
Recordando una de sus funciones: "Romeo y Julieta de Sakespeare)





Eran de la legua. Cómicos de la legua.  A diferencia de las compañías de reparto, los de la legua eran gentes caminantes. 

Tenían a diferencia de los  actores de reparto un mínimo repertorio. Representaban la misma obra una y otra vez.   

Contaban sus historias sobre los tenderetes y los tablaos de allí por donde pasaban.  Gentes con los zapatos empolvados y cabezas lúcidas.

Hacía años representaban “Romeo y Julieta” por los pueblos  de España. Rural y pobre.  Postguerra. Rencores y penas. 

Comida escasa. Noches al raso en verano. Hacinados  en graneros y pensiones si el frío apretaba. Mal vistos por alcaldes temerosos de un desliz ideológico. Metidos entre las cejas de los párrocos  meapilas.  Bien recibidos por los aldeanos   hartos  de ser amenazados  con los  fuegos del infierno.

En este paisaje, triste y gris, los cómicos montaban su tenderete.  Y en las noches, convertían   la plaza del pueblo en las calles de Verona y las ventanas de sus casas eran las de Mantua. Y allí las mujeres añoraban la sensualidad de los besos de Romeo. Ellos preferían el futbol en lugar de las pamplinas del teatro, aunque alguno, viendo el coraje de Mercucio, soñaba con vengar las afrentas de algún manigero desalmado.

Pero entre bastidores, tras las bambalinas, la historia era otra. Año tras años, Samuel el tramoyista, recorrió los caminos a la sombra de la primera actriz.  Al final del día, acostado al raso, desvelado,  se recreaba sabiendo que de todas las estrellas que lucían en la noche, la más deseada era Julieta. Conocía cada trozo de su piel. Dibujaba en el aire sus curvas, aquellas  que el pudor y la honestidad le permitían. Alguna noche de acampada, dormitando, pintaba con el fino pincel de su imaginación algún trazo excesivo. Pues el calor y el bochorno, ambos cómplices de las noche de estío, destapaban en la madrugada alguna parte prohibida e inexplorada del cuerpo de Julieta.

Función tras función Julieta se dejaba besar por un Romeo tosco y desagradable. Mal encarado con la vida.  Ajeno al arte. Sin el respeto que el cómico debe sentir por  las tablas. Amargado. Soñando con un futuro que anulaba el presente. Un hombre sin ahora. Para Samuel simplemente un ser deleznable.

El tramoya  agarrado a las cuerdas de los telones, tiritaba. Temblaba mucho antes  que la boca de Julieta se entregara con desgana al beso  mortecino de Romeo. Y cada noche, función tras función, ya en el beso, Samuel se hundía en los infiernos de los celos, mordido por el dolor del deseo robado.

Quiso el tiempo que la compañía se disolviera. Buscaron el mejor teatro del más querido de los pueblos para la despedida. Amigos y otros cómicos, se citaron en la platea para dar una merecida despedida a quienes tantos kilómetros habían recorrido, rompiendo la rutina de las gentes a cambio de poco más que nada.

Aquel teatro se había construido sobre las ruinas de un antiguo castillo medieval. Los camerinos se encontraban tres niveles por debajo del escenario. Al fondo de un largo y profundo pasillo Romeo se afanaba en encontrar el disfraz de la última escena. Sonó para el malhumorado Romeo el timbre de prevenidos.

Samuel encerró a Romeo en aquel camerino que ahora volvía a ser, tras siglos de desuso, un autentico calabozo.

El traspunte empujó a escena al impostor, solo descubierto por los ojos aturdidos de Julieta. Y empezó a fluir el texto. Por primera vez se recitaron los versos desde los adentros del corazón. Vibraban sus labios. Cada uno respiraba del aire que el otro exhalaba. Las palabras de amor se trenzaban  con tanta fuerza, que el silencio, delante y detrás del aforo, paralizaba el tiempo. Y hasta sus manos se encontraron hablando de amor. Los cuerpos se buscaban. Y los hilos de voz se confundían con la trama de equívocos y venenos de la tragedia. Y llegado el momento… sus bocas se fundieron en el único beso que Julieta siempre deseó. 

TELÓN


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GRAVAMEN

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